miércoles, 24 de agosto de 2011

EXPLORACIÓN Y CONOCIMIENTO DEL MUNDO

Este campo formativo está dedicado fundamentalmente a favorecer en las niñas y en los niños el desarrollo de las capacidades y actitudes que caracterizan al pensamiento reflexivo, mediante experiencias que les permitan aprender sobre el mundo natural y social.
La definición del campo se basa en el reconocimiento de que los niños, por el contacto directo con su ambiente natural y familiar y las experiencias vividas en él, han desarrollado capacidades de razonamiento que les permiten entender y explicarse, a su manera, las cosas que pasan a su alrededor.
La curiosidad espontánea y sin límites, y la capacidad de asombro que caracteriza a los niños los conduce a preguntar constantemente cómo y por qué ocurren los fenómenos naturales y otros acontecimientos que llaman su atención, así como a observar y explorar cuánto pueden usando los medios que tienen a su alcance.


La observación atenta y con interés creciente, la expresión de sus dudas, la comparación, el planteamiento de preguntas pertinentes e imaginativas, y la elaboración de explicaciones e inferencias basadas en situaciones que les permiten profundizar en el conocimiento y aprender más de lo que saben sobre el mundo, constituyen las competencias que se pretende logren los alumnos en este campo formativo.
El contacto con los elementos, seres y eventos de la naturaleza, así como las oportunidades para hablar sobre aspectos relacionados con la vida en la familia y en la comunidad constituyen un recurso para favorecer que los niños reflexionen, narren sus experiencias de manera compren­sible, desarrollen actitudes de cuidado y protección del medio natural, y empiecen a entender que hay diversidad de costumbres y formas de vida que caracterizan a los grupos sociales, capacidades que permiten un mejor conocimiento de sí mismos y la construcción paulatina de interpretaciones más ajustadas a la realidad, como base de un aprendizaje continuo.
El trabajo en este campo formativo es propicio para que los niños pongan en juego sus capacidades de observación, se planteen preguntas, resuelvan problemas (mediante la experimentación o la indagación por diversas vías), y elaboren explicaciones, inferencias y argumentos sustentados en las experiencias directas que les ayudan a avanzar y construir nuevos aprendizajes sobre la base de los conocimientos que poseen y de la nueva información que incorporan.


Por lo que respecta al conocimiento y la comprensión del mundo social, este campo formativo se orienta a los aprendizajes que los niños y las niñas pueden lograr en relación con su cultura familiar y la de su comunidad. La comprensión de la diversidad cultural, lingüística y social (costumbres, tradiciones, formas de hablar y de relacionarse), así como de los factores que hacen posible la vida en sociedad (normas de convivencia, derechos y responsabilidades, los servicios, el trabajo), son algunas nociones que se propician mediante el trabajo pedagógico en este campo formativo.
A los niños y las niñas les gusta hablar sobre ellos y su familia, sobre lo que hacen cotidianamente o en ocasiones especiales. La información que dan al respecto es la expresión de rasgos característicos de su cultura. Cuando se abren oportunidades para estos intercambios, empiezan a comparar sus costumbres con las de sus compañeros y, por lo tanto, a reconocer rasgos comunes y diferentes entre culturas. Esta es una base a partir de la cual empiezan a tomar conciencia de la diversidad cultural y aprenden a respetar y aceptar a los demás.
También se interesan por saber qué hacen las personas que viven en su comunidad y cómo funcionan los artefactos que se utilizan en la vida cotidiana. Por ello es valioso que vivan expe­riencias para aprender sobre la importancia del trabajo en el funcionamiento de un grupo social y los beneficios que sus integrantes obtienen de él para el mejoramiento de la vida familiar y en la comunidad.

Este campo formativo se organiza en dos aspectos relacionados fundamentalmente con el desarrollo de actitudes y capacidades necesarias para conocer y explicarse el mundo: El mundo natural y Cultura y vida social. A continuación se presentan las competencias que se pretende logren las niñas y los niños en cada uno de los aspectos mencionados, así como las formas en que éstas se manifiestan.

El mundo natural
•    Observa seres vivos y elementos de la naturaleza, y lo que ocurre en fenómenos naturales.
•   Formula preguntas que expresan su curiosidad y su interés por saber más acerca de los seres vivos y el medio natural.
•   Experimenta con diversos elementos, objetos y materiales –que no representan riesgo– para encontrar soluciones y respuestas a problemas y preguntas acerca del mundo natural.
•   Formula explicaciones acerca de los fenó­menos naturales que puede observar, y de las características de los seres vivos y de los elementos del medio.
•   Elabora inferencias y predicciones a partir de lo que sabe y supone del medio natural, y de lo que hace para conocerlo.
•   Participa en la conservación del medio natural y propone medidas para su preservación.

Cultura y vida social
 Establece relaciones entre el presente y el pasado de su familia y comunidad a través de objetos, situaciones cotidianas y prácticas culturales.
•   Distingue y explica algunas características de la cultura propia y de otras culturas.
•   Reconoce que los seres humanos somos distintos, que todos somos importantes y tenemos capacidades para participar en sociedad.
•   Reconoce y comprende la importancia de la acción humana en el mejoramiento de la vida familiar, en la escuela y en la comunidad

PENSAMIENTO MATEMÁTICO

Los fundamentos del pensamiento matemático están presentes en los niños desde edades muy tempranas. Como consecuencia de los procesos de desarrollo y de las experiencias que viven al interactuar con su entorno, desarrollan nociones numéricas, espaciales y temporales que les permiten avanzar en la construcción de nociones matemáticas más complejas.
Desde muy pequeños, los niños pueden distinguir, por ejemplo, dónde hay más o menos objetos, se dan cuenta de que “agregar hace más” y “quitar hace menos”, pueden distinguir entre objetos grandes y pequeños. Sus juicios parecen ser genuinamente cuantitativos y los expresan de diversas maneras en situaciones de su vida cotidiana. En sus juegos, o en otras actividades los niños separan objetos, reparten dulces o juguetes entre sus amigos, etcétera; cuando realizan estas acciones, y aunque no son conscientes de ello, empiezan a poner en juego de manera implícita e incipiente, los principios del conteo:
Correspondencia uno a uno (contar todos los objetos de una colección una y sólo una vez, estableciendo la correspondencia entre el objeto y el número que le corresponde en la secuencia numérica).
Orden estable (contar requiere repetir los nombres de los números en el mismo orden cada vez, es decir, el orden de la serie numérica siempre es el mismo: 1, 2, 3…).
Cardinalidad (comprender que el último número nombrado es el que indica cuántos objetos tiene una colección).
Abstracción (el número en una serie es independiente de cualquiera de las cualidades de los objetos que se están contando; es decir, que las reglas para contar una serie de objetos iguales son las mismas para contar una serie de objetos de distinta naturaleza canicas y piedras; zapatos, calcetines y agujetas).
Irrelevancia del orden (el orden en que se cuenten los elementos no influye para determinar cuántos objetos tiene la colección, por ejemplo, si se cuentan de derecha a izquierda o viceversa).
Durante la educación preescolar, las actividades mediante el juego y la resolución de problemas contribuyen al uso de los principios del conteo (abstracción numérica) y de las técnicas para contar (inicio del razonamiento numérico), de modo que los niños logren construir, de manera gradual, el concepto y el significado de número.
En este proceso es importante también que se inicien en el reconocimiento de los usos de los números en la vida cotidiana; por ejemplo, que empiecen a reconocer que, además de servir para contar, los números se utilizan como código (en números telefónicos, en las placas de los autos, en las playeras de los jugadores) o como ordinal (para marcar la posición de un elemento en una serie ordenada).


La construcción de nociones de espacio, forma y medida en la educación preescolar está íntimamente ligada a las experiencias que propicien la manipulación y comparación de materiales de diversos tipos, formas y dimensiones, la representación y reproducción de cuerpos, objetos y figuras, y el reconocimiento de sus propiedades. Para estas experiencias el dibujo, las construc­ciones plásticas tridimensionales y el uso de unidades de medida no convencionales (un vaso para capacidad, un cordón para longitud) constituyen un recurso fundamental.
Cuando los niños se ven involucrados en situaciones que implican, por ejemplo, explicar cómo se puede medir el tamaño de una ventana, ponen en juego herramientas intelectuales que les permiten proponer unidades de medida (un lápiz, un cordón), realizar el acto de medir y explicar el resultado (marcando hasta dónde llega la unidad tantas veces como sea necesario para ver cuántas veces cabe la unidad en lo que se quiere medir y llegar a expresiones del tipo: “esto mide 8 lápices y un pedacito más”), lo cual implica establecer la relación entre la magnitud que se mide y el número que resulta de medir (cuántas veces se usó el lápiz o el cordón).


Este campo formativo se organiza en dos aspectos relacionados con la construcción de nociones matemáticas básicas: Número, y Forma, espacio y medida. A continuación se presentan las competencias que se pretende logren las niñas y los niños en cada uno de los aspectos mencionados, así como las formas en que se favorecen y manifiestan.


Número
•   Utiliza los números en situaciones variadas que implican poner en juego los principios del conteo.
•   Plantea y resuelve problemas en situaciones que le son familiares y que implican agregar, reunir, quitar, igualar, comparar y repartir objetos.
•   Reúne información sobre criterios acordados, representa gráficamente dicha información y la interpreta.
•   Identifica regularidades en una secuencia a partir de criterios de repetición y crecimiento


Forma, espacio y medida
•   Reconoce y nombra características de objetos, figuras y cuerpos geométricos.
•   Construye sistemas de referencia en relación con la ubicación espacial.
•   Utiliza unidades no convencionales para resolver problemas que implican medir magnitudes de longitud, capacidad, peso y tiempo.
•   Identifica para qué sirven algunos instrumentos de medición


LENGUAJE Y COMUNICACIÓN

El lenguaje es una actividad comunicativa, cognitiva y reflexiva. Es, al mismo tiempo, la herramienta fundamental para integrarse a su cultura y acceder al conocimiento de otras culturas, para interactuar en sociedad y, en el más amplio sentido, para aprender.
El lenguaje se usa para establecer y mantener relaciones interpersonales, para expresar sentimientos y deseos, para manifestar, intercambiar, confrontar, defender y proponer ideas y opiniones y valorar las de otros, para obtener y dar información diversa, para tratar de convencer a otros. Con el lenguaje también se participa en la construcción del conocimiento y en la representación del mundo que nos rodea, se organiza el pensamiento, se desarrollan la creatividad y la imaginación, y se reflexiona sobre la creación discursiva e intelectual propia y de otros.

La ampliación, el enriquecimiento del habla y la identificación de las funciones y características del lenguaje son competencias que los pequeños desarrollan en la medida en que tienen variadas oportunidades de comunicación verbal. Cuando los niños presencian y participan en diversos eventos comunicativos, en los que hablan de sus experiencias, de sus ideas y de lo que conocen, y escuchan lo que otros dicen, aprenden a interactuar y se dan cuenta de que el lenguaje permite satisfacer necesidades tanto personales como sociales.
Los avances en el dominio del lenguaje oral no dependen sólo de la posibilidad de expresarse oralmente, sino también de la escucha, entendida como un proceso activo de construcción de significados. Aprender a escuchar ayuda a los niños a afianzar ideas y a comprender conceptos.


Cuando las niñas y los niños llegan a la educación preescolar, generalmente poseen una com­petencia comunicativa: hablan con las características propias de su cultura, usan la estructu­ra lingüística de su lengua materna, así como la mayoría de las pautas o los patrones gramaticales que les permiten hacerse entender. Saben que pueden usar el lenguaje con distintos propósitos (manifestar sus deseos, conseguir algo, hablar de sí mismos, saber acerca de los demás, crear mundos imaginarios mediante fantasías y dramatizaciones, etcétera).


Al igual que con el lenguaje oral, los niños llegan al Jardín con ciertos conocimientos sobre el lenguaje escrito, que han adquirido en el ambiente en que se desenvuelven (por los medios de comunicación, por las experiencias de observar e inferir los mensajes en los medios impresos, por su posible contacto con los textos en el ámbito familiar, etcétera); saben que las marcas gráficas dicen algo, que tienen un significado y son capaces de interpretar las imágenes que acompañan a los textos; asimismo, tienen algunas ideas sobre las funciones del lenguaje escrito (contar o narrar, recordar, enviar mensajes o anunciar sucesos o productos).
Todo ello lo han aprendido al presenciar o intervenir en diferentes actos de lectura y escritura, como pueden ser escuchar a otros leer en voz alta, observar a alguien mientras lee en silencio o escribe, o escuchar cuando alguien comenta sobre algo que ha leído. De la misma manera, aunque no sepan leer y escribir como las personas alfabetizadas, ellos también intentan representar sus ideas por medio de diversas formas gráficas y hablan sobre lo que “creen que está escrito” en un texto. La interacción con los textos fomenta en los pequeños el interés por conocer su contenido y es un excelente recurso para que aprendan a encontrar sentido al proceso de lectura aun antes de saber leer. Los niños construyen el sentido del texto poniendo en juego diversas estrategias: la observación, la elaboración de hipótesis e ideas que, a manera de inferencias, reflejan su capacidad para elaborar explicaciones a partir de lo que “leen” y lo que creen que contiene el texto. Estas capacidades son el fundamento del aprendizaje de la lectura y la escritura

Este campo formativo se organiza en dos aspectos: Lenguaje oral y Lenguaje escrito. A continuación se presentan las competencias que se pretende logren las niñas y los niños en cada uno de los aspectos mencionados, así como las formas en que éstas se favorecen y se manifiestan.

Lenguaje oral
  Comunica estados de ánimo, sentimientos, emociones y vivencias a través del lenguaje oral.
•   Utiliza el lenguaje para regular su conducta en distintos tipos de interacción con los demás.
•   Obtiene y comparte información a través de diversas formas de expresión oral. 
•   Escucha y cuenta relatos literarios que forman parte de la tradición oral.
•  Aprecia la diversidad lingüística de su región y de su cultura.


Lenguaje escrito
   Conoce diversos portadores de texto e identifica para qué sirven.
•   Interpreta o infiere el contenido de textos a partir del conocimiento que tiene de los diversos portadores y del sistema de escritura.
•   Expresa gráficamente las ideas que quiere comunicar y las verbaliza para construir un texto escrito con ayuda de alguien.
•   Identifica algunas características del sistema de escritura.
•   Conoce algunas características y funciones propias de los textos literarios.

DESARROLLO PERSONAL Y SOCIAL

Este campo se refiere a las actitudes y capacidades relacionadas con el proceso de construcción de la identidad personal y de las competencias emocionales y sociales. La comprensión y regulación de las emociones y la capacidad para establecer relaciones interpersonales son procesos estrechamente relacionados, en los cuales las niñas y los niños logran un dominio gradual como parte de su desarrollo personal y social.
Los procesos de construcción de la identidad, desarrollo afectivo y de socialización en los pequeños se inician en la familia. Investigaciones actuales han demostrado que desde muy temprana edad desarrollan la capacidad para captar las intenciones, los estados emocionales de los otros y para actuar en consecuencia, es decir, en un marco de interacciones y relaciones sociales. Los niños transitan, por ejemplo, de llorar cuando sienten una necesidad –que los adultos interpretan y satisfacen–, a aprender a expresar de diversas maneras, lo que sienten y desean.
En estos procesos, el lenguaje juega un papel importante, pues la progresión en su dominio por parte de los niños les permite representar mentalmente, expresar y dar nombre a lo que perciben, sienten y captan de los demás, así como a lo que los otros esperan de ellos.

En la edad preescolar los niños y las niñas han logrado un amplio e intenso repertorio emocional que les permite identificar en los demás y en ellos mismos diferentes estados emocionales –ira, vergüenza, tristeza, felicidad, temor– y desarrollan paulatinamente la capacidad emocional para funcionar de manera más independiente o autónoma en la integración de su pensa­miento, sus reacciones y sus sentimientos.

La comprensión y regulación de las emociones implica aprender a interpretarlas y expresarlas, a organizarlas y darles significado, a controlar impulsos y reacciones en el contexto de un ambiente social particular.
La construcción de la identidad personal en los niños y las niñas implica la formación del autoconcepto (idea que están desarrollando sobre sí mismos y sobre sí mismas, en relación con sus características físicas, sus cualidades y limitaciones, y el reconocimiento de su imagen y de su cuerpo) y la autoestima (reconocimiento y valoración de sus propias características y de sus capacidades), sobre todo cuando tienen la oportunidad de experimentar satisfacción al realizar una tarea que les representa desafíos.
El desarrollo de competencias en los niños y las niñas en este campo formativo depende fundamentalmente de dos factores interrelacionados: el papel que juega la educadora como modelo, y el clima que favorece el desarrollo de experiencias de convivencia y aprendizaje entre ella y los niños, entre los niños, y entre las educadoras del plantel, los padres de familia y los niños.
Este campo formativo se organiza en dos aspectos relacionados con los procesos de desarrollo infantil: identidad personal y autonomía, y relaciones interpersonales. A continuación se presentan las competencias que se pretende logren las niñas y los niños en cada uno de los aspectos mencionados, así como las formas en que se favorecen y se manifiestan.

Identidad personal y autonomía






  • Reconoce sus cualidades y capacidades y las de sus compañeras y compañeros.







  • Adquiere conciencia de sus propias necesidades, puntos de vista y sentimientos, y desarrolla su sensibilidad hacia las necesidades, puntos de vista y sentimientos de otros.







  • Comprende que hay criterios, reglas y con­venciones externas que regulan su conducta en los diferentes ámbitos en que participa.





  • Adquiere gradualmente mayor autonomía









  • Relaciones interpersonales





  • Acepta a sus compañeras y compañeros como son y comprende que todos tienen los mismos derechos, y también que existen responsabilidades que deben asumir.





  • Comprende que las personas tienen diferentes necesidades, puntos de vista, culturas y creencias que deben ser tratadas con respeto.





  • Aprende sobre la importancia de la amistad y comprende el valor que tienen la confianza, la honestidad y el apoyo mutuo.





  • Interioriza gradualmente las normas de relación y comportamiento basadas en la equidad y el respet
  • CAMPOS FORMATIVOS

    Los campos formativos son el conjunto de experiencias de aprendizaje en las cuales los educandos ponen en juego sus diversas capacidades, para llegar a niveles superiores.
    Las competencias son el conjunto de capacidades, entendidas estas como habilidades, destrezas, actitudes, aptitudes y conocimientos, que los niños van a enriquecer mediante los procesos de aprendizaje.
    Recordemos que los siete primeros años del ser humano, son definitivos para toda su vida. En la edad preescolar, las y los niños se encuentran en una etapa vital del desarrollo de su inteligencia, por lo que merecen una educación de calidad, como señala el PEP 2004.
    Es importante encauzar al niño en forma positiva, creando en el aula un clima de confianza que le permita expresarse con toda libertad.


    Para ello, la música es una excelente aliada porque favorece en las y los preescolares la atención, la memoria, el pensamiento lógico matemático, el aprendizaje de otros idiomas, la apreciación de formas, sonidos, matices, intensidad, tonalidad, género, carácter, estructura, etc.


    Asimismo es vital crear un ambiente propicio para el aprendizaje:


    Un clima cálido, de respeto y confianza, entusiasmo y amor a estas experiencias de aprendizaje y a toda la labor docente con niñas y niños, ya que implican gran responsabilidad para quienes desarrollan estas tareas.


    Las y los docentes de educación preescolar trabajan con seres humanos, que son sumamente inteligentes y sensibles. Ellos tienen derecho a ser felices en su proceso educativo,


    Las experiencias de aprendizaje deben ser gratas, creativas, siempre variadas. No se deben automatizar, porque el niño pierde el interés en ellas.


    1. Desarrollo personal y social.
    * Identidad personal y autonomía.
    * Relaciones interpersonales.


    2. Lenguaje y comunicación.
    * Lenguaje oral.
    * Lenguaje escrito.


    3. Pensamiento matemático.
    * Número.
    * Forma, espacio y medida.


    4. Exploración y conocimiento del mundo.
    * Mundo natural.
    * Cultura y vida social.


    5. Expresión y apreciación artística.
    * Expresión y apreciación musical.
    * Expresión corporal y apreciación de la danza.
    * Expresión y apreciación plástica.
    * Expresión dramática y apreciación teatral.


    6. Desarrollo físico y salud.
    * Coordinación, fuerza y equilibrio.
    * Promoción de la salud.

    IMPORTANCIA DE LOS LÍMITES EN LOS NIÑOS

    Nadie nace sabiendo de que manera hay que comportarnos, al contrario macemos guiados por el instinto, inmaduros, impulsivos e indisciplinados. Por esta razón los padres debemos enseñárles a nuestros hijos lo que se espera de ellos dentro de la sociedad, para establecer reglas y normas y así mismo definir las consecuencias de su incumplimiento. Sabemos que sobretodo en la edad preescolar, los niños se encuentran en una etapa egocéntrica, por lo que es necesario que los pequeños sean guiados y tengan límites hasta que ellos mismos tengan la capacidad de tomar decisiones adecuadas.
    Actualmente el modelo autoritario de los padres se está dejando a un lado, porque no es posible querer que los niños cumplan órdenes solo porque el adulto lo dice, por un modelo mas flexible y permisivo. Pero es muy importante saber que este modelo no significa no poner límites.
    Lo que se busca en la actualidad es formar niños autónomos, independientes y seguros. Los límites firmes, pero siempre con amor, le brindan seguridad al niño, ya que le ayudan a saber hasta donde puede llegar, qué sí y qué no puede hacer y también le indican al niño que sus actos tienen consecuencias, tanto positivas como negativas y efectos en las demás personas.
    Se han hecho estudios en dónde se han encontrado los elementos fundamentales para que los niños crezcan sanos, y obviamente el establecimiento de límites es uno de esos elementos.
    Los bebés de 0 a 12 meses, son muy pequeños para comprender los límites, recuerda que lo que les brinda mayor seguridad en esa etapa es el amor, cariño y protección.
    De 1 a 3 años, los niños ya comprenden el significado de la palabra NO y que hay consecuencias relacionadas a su comportamiento. Aunque también la palabra NO a veces resulta desafiante por lo que hay que tratar de cambiarle la forma, por ejemplo.
    -      en lugar de decirle no, “esto está mal hecho” o “está fuera del límite”
    -      disminuye la cantidad de no, diciéndole lo que quieres que haga, así como las consecuencias, por ejemplo si el pequeño se va a acercar a las escaleras para subirlas, si subes esas escaleras te puedes caer.
    -      Cuando tienes que decirle no, dale otras opciones, por ejemplo, “no pintes en la pared, usa esta hoja para dibujar”
    Características de los límites (para que sea más fácil su cumplimiento):
    -      Claridad debemos evitar las oraciones largas y asegurarnos que el mensaje quedó claro, a veces es conveniente pedir al pequeño que nos repita lo que se le dijo para así reforzar el mensaje.
    -      Límites consistentes y firmes Ser firmes, nosotros como adultos sabemos lo que es mejor para ellos. Los límites no deben depender de nuestro estado de ánimo, ni del éxito o fracaso de la jornada laboral.
    -      Desaprobar la conducta, no al niño, descalificar la conducta sin humillar al niño.
    -      Límites razonables. Tomando en cuanta edad y madurez del pequeño.
    -      Permitir que opinen. Si fomentamos la participación de los hijos en la creación y en la redacción de las normas y límites, habrá más posibilidades de que las cumplan de forma natural.
    Existen límites físicos, por ejemplo “no puedes salir al parque si no te pones el suéter” y emocionales, por ejemplo, “nuestra familia es respetuosa y no se permite gritarnos unos a otros”, siempre sin reprimir sus sentimientos, no podemos pedirles que n
    o se rían, enojen, lloren, etc.
    Algo muy importante es que usted no necesita ser amigo de su hijos, necesita ser padre su padre y educarlo obviamente siempre con amor. Diga lo que quiere decir, de una manera firme y cariñosa y haga de una manera consistente lo que dice.
    Las consecuencias de no poner límites las encontramos en niñ@s inmadur@s, dependientes de sus padres, caprichosos, que no toleran la frustración, que no saben ceder en sus relaciones personales, que se malhumoran frecuentemente.

    ENSEÑANDO AL NIÑO A SEGUIR INSTRUCCIONES

    A todos los padres nos preocupa mucho el cómo enseñar a nuestros pequeños a seguir instrucciones. Y el que no nos hagan caso causa mucha frustración.
    Los niños en edad preescolar ya tienen la capacidad de aprender y seguir instrucciones y reglas. Si se tienen reglas claras y se aplican cotidianamente, será más fácil para el pequeño controlarse y obedecer. En cambio, si le pegamos o gritamos, no estamos disciplinando, si no solamente, enseñándole que con los gritos y la violencia se resuelven los problemas.
    Si ves que tu hij@ no te hace caso cuando le das una instrucción, lo que debes de hacer es ir con el pequeño y llevarlo a lo que quieres que haga; por ejemplo, si está jugando y quieres que se vaya a lavar las manos y no te hace caso, te acercas y l@ llevas de la mano; de esta manera se dará cuenta que cuando se da una orden, ésta se cumple. Actuando de esta manera se evita perder la paciencia y por ende, lastimar al pequeño, física o emocionalmente.
    Si se enseña a los niños a seguir instrucciones desde los primeros meses, el pequeño se acostumbrará a seguirlas, facilitándole y evitándole problemas futuros.
    A continuación enlistaré sugerencias, que pueden ayudar a los padres a enseñar a los niños a seguir instrucciones desde la primera vez que se les dice:
    -      haz cumplir las instrucciones, sino el niño aprenderá que sus padres no hacen que se cumplan sus órdenes.
    -      Procura que el niño esté atento a ti en el momento de dar la instrucción, evitar hacerlo desde otro cuarto
    -      No les formules como pregunta la instrucción, sino como orden, no digas “mi amor está bien si recoges tus juguetes ahorita?
    -      dar órdenes claras y específicas, para evitar que el pequeño se confunda.
    -      Las instrucciones son mejor cuando le dices al pequeño lo que quieres que haga, no lo que no quieres que haga, por ejemplo es mejor decir “te quiero junto a mí”, que “no te alejes de mi”
    -      Felicitarlos en cuanto empiezan a cumplir con la orden, no es necesario hacerlo hasta que terminó
    -      Poner un límite de tiempo y si o lo cumplen habrá una consecuencia.